Once años (XI)

México, D. F., 2 de noviembre de 2012

A mis jefes del PDC en Alemania los previne: “Me quedaré aquí seis meses, el tiempo para que ustedes hallen alguien y hacerme cargo de formarlo”.

Pasaron cinco meses.

—¿Sir, recuerdo que acepté venir sólo por seis meses.

—Yes, Mr. Batala, estamos buscando.

En realidad me quedé casi un año. Una vez encontrado y formado mi reemplazo —un alemán— me preguntaron:

—Mr. Batala, ¿habla bien francés este señor?

—Yes, Sir, muy bien.

—Pues lo vamos a liberar. Le hemos reservado un puesto en la pequeña oficina que todavía tenemos en Francia.

En Francia, cerca del cuartel donde pasaron 10 años, estaba todavía una oficina con cuatro o cinco borrachos —civiles gringos— que estaban encargados del enlace entre el PDC en Alemania y la sociedad francesa “Trapil”, que aseguraba el funcionamiento y el mantenimiento del oleoducto.

—¿Qué voy a hacer allá?

—Pues… como aquí.

Me dieron una prima de liquidación más importante de lo que yo esperaba.

Te dispenso, amigo lector, de toda la serie de agradecimientos que les solté.

La estación del ferrocarril está más o menos a dos kilómetros de esta oficina. En tiempos del cuartel había un autobús privado que transportaba por la mañana y por la tarde a todos los empleados que vivían en París. Ahora no. Compré de nuevo un 2Cb Citroen, igual a mi primer coche pero muy usado.

Al principio de mi nueva comisión llamaba cada día mi remplazante en Alemania y reconstruía según sus informaciones la imagen del contenido del oleoducto y de los depósitos. Rápidamente me di cuenta de que eso no interesaba a nadie aquí, y que además no había ningún trabajo para mí. Permanecía todo el día detrás de mi escritorio mirando las moscas.

Unos meses más tarde me enteré que la sociedad francesa iba a tomar el mando completo del sistema agregando un servicio comercial al militar. Como los compromisos necesitan meses de discusiones para ser firmados, supongo que me había enviado acá para que estuviera en el lugar adecuado para buscar otro empleo el día que se me anunciara que el puesto sería cancelado. Este día ocurrió. Esta vez se me dio una prima más pequeña.

Como soy ahorrativo, mi primera prima estaba todavía en mi alcancía. Agregué la segunda y con el dinero de mi Ford compré un Mercedes.


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