Once años (V)


 México, D. F., 28 de septiembre de 2012

René era un amigo de nuestra infancia, el promotor de grupo de jovencitos y jovencitas donde conocí a la que sería mi esposa. Tenía una casa en Bretaña donde iba cada año a pasar sus vacaciones. Solía, en estas vacaciones, mandarnos una carta, una foto.
Mis primeras vacaciones como empleado del PDC no me permitían alcanzar el mes. Decidimos entonces ir mi esposa y yo a tomar el sol y bañarnos en las playas de este bien conocido pueblo de Sitges.
Quince días más tarde, de regreso en París, abrimos la reducida puerta de nuestro reducido estudio, tomamos el puñado de correo no recogido durante nuestra ausencia y lo aventamos sobre la mesa. Sin embargo una fotografía colorida llamó mi atención: un paisaje de Bretaña. Le di vuelta para ver el reverso: “Buen recuerdo en Bretaña”, seguido de la firma “Renée”.
“Ya está de vacaciones —pensé—, generalmente va en junio”. Empezaba a vaciar las mochilas y guardar el material cuando mi esposa me blandió la fotografía bajo la nariz:
—¿Qué es esto?
—Bah, como cada año, es una postal de René.
—¿René? ¿Con la e del final sin acento?
Por toda contestación sólo farfullé sin sentido. No hubo reacción por parte de mi esposa, sino que lanzó asqueada la tarjeta sobre el montoncito de correo.
En francés la “e” final de un sustantivo casi siempre marca el femenino. La tarjeta estaba bien firmada con acento sobre la primera “e”, y no “René”, con una sola e al final acentuada.

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