Misceláneos 026: L’Auberge St. Jacques (III)

Febrero, a finales de mayo del 40, la clientela de L’Auberge St. Jacques se compone principalmente de la burguesía de la ciudad; se consumen vinos finos y comida particular de la región: pescados de río, anguilas en “matelotte” (cocida con vino), caracoles en su concha, codornices a la parrilla, ranas a la sartén…

La preparación de las ranas siempre era otra distracción para nosotros. ¡Fíjense!: las ranas vivas encerradas en un cesto cerrado. El hijo del dueño las sacaba una por una agarrándolas por las patas traseras con la mano izquierda y, con un cuchillo en la mano derecha, mediante un golpe seco las cortaba en dos partes a la altura de la cadera —se comen únicamente los muslos—, y la parte delantera, con dos patas y la cabeza seguía saltando sobre el tajo.

Les recuerdo que estamos en la primera fase de la guerra “la drôle de guerre” (“la guerra que no parece ser una guerra”), pues sólo se intercambian de vez en cuando unos obuses por encima del Río Rhin. Una buena parte de los soldados del ejército aliado inglés estaba en Francia sin gran ocupación. Rápidamente les llegaron a sus oídos los lugares interesantes. Todos los seres vivos prefieren comer lo que más les gusta. A menudo entraba a L’Auberge St. Jacques un grupo de uniformados ingleses. Como yo era el único que podía conversar con ellos, se me encargó tomarles la orden. Me divertía mucho. Mi vocabulario culinario en inglés era muy limitado y la traducción que daba a esos clientes sobre el nombre de los alimentos —que ya en francés a menudo tienen un apellido esotérico— les hacía soltar la carcajada.

El 10 de junio cierra L’Auberge St. Jacques, la puerta de la cava fue ocultada con un muro.

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