Misceláneos_018: Después de la primaria

Ese fracaso me disuadió de seguir con estudios superiores. Prefería entrar en una escuela profesional. En mis paseos en París había notado la existencia de una escuela de ingenieros en electricidad. Me gustaba lo de la electricidad. Mi padre se informó y la decisión fue, sin réplica: “Demasiado caro. Piensa en otro oficio.”.

Había en los medios publicidad para una nueva escuela, la “Escuela Hotelera de París”. Siempre me habían gustado los guisados de mi abuela y los pasteles de mi madre… Pues vamos por la escuela hotelera “gratuita de París”. No sé cuánto costaban los cursos de la escuela de electricidad, pero en la escuela hotelera “gratuita” de París los alumnos debían poseer un equipamiento de chef y otro de mesero. No sé si estuvo más barato que la de electricidad. Además de los cursos de esos dos oficios seguíamos la instrucción general, así como clases de tres idiomas, contabilidad, dietética, etcétera.

Casi todos los alumnos o alumnas eran hijos de dueños de restaurantes, la mayoría de una antigua escuela privada que cerró al abrir la del municipio.

La cocina grande, ultramoderna, había sido arreglada en forma de semicírculo, con una un estrado de tipo circo romano donde, sentados, los alumnos tenían que apuntar en un cuaderno sobre los muslos las recetas del menú del día. El vocabulario yo lo desconocía completamente y el profesor, un chef profesional, corregía nuestras copias pero pronto se cansó de corregir las mías. Al final se me relegó a picar el perejil, hacer la mayonesa y lavar los platos.

En las aulas me ocurrió algo de lo que ni siquiera me di cuenta yo mismo. A los catorce años, el chamaco tranquilo de repente se cambió en diablillo. Bastaba de la obediencia, de la disciplina.

También se cansaron los distintos maestros de tener que castigar a ese elemento que, no lo sabían, por al ambiente del establecimiento se había despojado de su estado de chico humilde para vestirse de una personalidad de adulto. Hicieron todo para que me fuera. Lo lograron y me pusieron de patitas en la calle.

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