Misceláneos 13: Ya soy parisiense

Se acaba la exposición y empieza el año escolar. Se había decidido que me quedaría con mis padres. A pesar de la crisis de alojamiento, habían encontrado un departamento de planta baja. La ventana de su recámara daba hacia una callecita asfaltada y tranquila. En el otro lado, la banqueta es ya el bosque de Vincennes: pinos, castaños, caminos corriendo entre taludes herbosos donde tengo entera libertad: pelota, patín del diablo ?ahora grande de verdad?, gritos y juegos con otros niños.

La escuela, únicamente de muchachos de clase social media baja. Al maestro lo llamábamos “institutor”. Tres años de primaria con el mismo, y al final sus alumnos estaban preparados en muchas materias verdaderamente al nivel final de secundaria. Él transformó a sus treinta o cuarenta chiquillos en monigotes responsables, con una instrucción y una educación basada en un cimiento cultural de mármol.

Entre ellos conocí a los que serían mis cuates. Tres que, a pesar de las enseñanzas del institutor, habían guardado matices de pillos maleducados por su familia.

0 comentarios: