La escuela, únicamente de muchachos de clase social media baja. Al maestro lo llamábamos “institutor”. Tres años de primaria con el mismo, y al final sus alumnos estaban preparados en muchas materias verdaderamente al nivel final de secundaria. Él transformó a sus treinta o cuarenta chiquillos en monigotes responsables, con una instrucción y una educación basada en un cimiento cultural de mármol.
Entre ellos conocí a los que serían mis cuates. Tres que, a pesar de las enseñanzas del institutor, habían guardado matices de pillos maleducados por su familia.

0 comentarios:
Publicar un comentario