A la mitad del siglo XV los españoles exploraron, sin más, la parte que es ahora el sureste de los Estados Unidos. En 1680 el francés La Salle descubrió la desembocadura del Misisipi, exploró la región y sentó la base para la creación del puerto de Nueva Orleans en la Luisiana.
¿Por qué Nueva Orleans y Luisiana?
En el año 1715 murió el rey de Francia Luis XIV, “El Rey Sol”. En su honor se dio el nombre de Luisiana a la región y Nueva Orleans al puerto, porque tanto el rey como los nobles de su corte tenían sus castillos a la orilla del río Loire, muy cerca de la ciudad de Orleans, en Francia.
Fue así como la colonización francesa de América comenzó por ese puerto de la Luisiana. Rápidamente, barco tras barco, el tráfico de la llamada “madera de ébano” —los esclavos cazados en las selvas y sabanas de África— se va a intensificar.
Generación tras generación los barcos atracarían ahí con su destrozada carga humana, su lote de atrapados por “mala suerte”, que también generación tras generación se transmitirían el recuerdo, la pena y la desesperación de su condición. Condición irremediable que habrían de asumir dolorosamente cada día de trabajo, sin más consuelo que el canto de sus melopeas y endechas (formas de canto que en Europa se conocían como “fildholler”), que al paso de los años se mezclarían con un ritmo que sería la semilla de lo que hoy llamamos blues.
Pero para llegar a hacer el blues se necesita saber leer música.
¿Había escuelas para esclavos? ¡No! Había, no formales, pero sí dos diría yo.
Una: Los esclavos extrañaban los colores de su país de origen, su familia, sus ritos, sus vestimentas, sus adivinos y otros brujos… en una palabra, todo lo sagrado que ayuda a los humanos a vivir en la esperanza. Ante tal carencia eran frecuentes las revueltas contra los amos blancos. Y por parte de estos últimos represalias y castigos fuertes, hasta ahorcamientos que plagaban los bosques de “strangefruit”.
Los colonos tenían que reducir esa violencia. Por eso dejaron desarrollarse predicadores católicos negros, que empezaban su prédica gritando y poco a poco seguían cantando con un ritmo potente los evangelios, la vida de Jesús y sus discípulos.
Dos: Vimos que a partir de 1715 los franceses ocuparon la Luisiana, después fueron los españoles, luego los ingleses y otros europeos. Cada uno de esos invasores venía cargado con su cultura y en particular con su música. Hay que suponer que la mayoría de esos colonos era gente adinerada, proveniente casi siempre de la burguesía europea. Si consideramos ahora que los negros y esos blancos formaron un grupo social con sus distintas clases, nos parecerá normal que se creara una cierta convivencia apoyada en las relaciones cotidianas, así como un reconocimiento mutuo de las calidades humanas e intelectuales de cada una de las partes.
La burguesía había desembarcado con sus bienes, sus muebles, incluso con el imprescindible piano, al mismo tiempo que con su deseo de volver a construir acá el modo de vida de su país de origen con su ambiente y fiestas. Así, no podemos dudar que son ellos quienes enseñaron a sus esclavos más avezados a tocar mazurcas, valses, polcas, marchas, scotish y otros ritmos para bailar sin tener que tocar.
Los negros no tardaron en modificar esas piezas agregándoles los ritmos africanos. Fue así como surgieron los cantos “sprituals”. De esos espirituales resultaron los góspel songs. El góspel es simplemente una forma más elaborada del spiritual, cantado casi únicamente por mujeres y coros de iglesias.
Y algo más para completar:
Agregando los fild holler, worksongs, spiritual y gospel, el hecho de que muchos negros eran capaces de tocar el piano o el banjo hizo que posteriormente nacieran, aproximadamente en la misma época, en Misisipi el ragtime (1850) y en Nueva Orleans el blues (1900).

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