La Gran Guerra


Voy a tratar de darles rápidamente una imagen de esta tragedia sin caer en el tremendismo patético.

Imagínense: a todo lo largo del frente (a lo largo de centenares de kilómetros del este de Francia) una zona de 25 a 35 metros de anchura, tierra sin vida, quemada con inmensos cráteres por el impacto de los obuses, y, de cada lado, una barrera seguida de rollos de alambre de púas. Al pie y detrás de esos rollos, las trincheras de "premiere ligne", 2 metros de profundidad, 1.50 m de ancho; otros treinta metros más detrás, otra trinchera "la segunde ligne"; y luego otra vez otra, la "troisième ligne".

Después venía una zona de unos 20 kilómetros "l'arriere", destinada a una parte de las reservas en material, armas, alimentos, el pequeño hospital de campaña. Un poco detrás, las compañías de soldados, en constante angustia, sumidos en el espanto, el susto de recibir la orden de volver a subir a las trincheras para reemplazar a los que regresaban en forma de cadáveres después de haber pasado días y noches en el lodo, la lluvia, el frío, el hielo, esperando los víveres; provisiones que a menudo no llegaban porque los encargados de los mismos habían sido matados en el camino, en el miedo de esa muerte que les traían las granadas, las metralletas, los obuses y al final las ballonetas al combatir en un cuerpo a cuerpo con el enemigo, destripándose mutuamente para ganar, perder, volver a ganar y perder otra vez esos 20 o 25 metros que les separaban en el frente.

Pero eso apenas se puede imaginar. A unos doscientos kilómetros del frente la vida cotidiana que, si bien entre duelos y lágrimas, seguía casi normalmente; sólo las festividades perdieron buena parte de sus actividades.

La infelicidad, la desgracia, el dolor no hicieron excepción con ninguna familia. Cada pueblo erigió su Monumento a los Muertos, grabado en la piedra el nombre de sus varones, que se habían marchado cantando, la flor en el fusil, y que regresaban con los ojos cerrados y envueltos en la bandera francesa.

¡Ojo, me hago lírico! Voy a dar una vuelta por el tianguis, un buen remedio contra el lirismo...

En un ambiente de alivio y duelo, el 11 de noviembre de 1918 se firma el armisticio...


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