Por decreto gubernamental iban a ser reservados los puestos de trabajo de servidores públicos a los mutilados de la guerra ?que duró 10 años. Mi padre solicitó uno, examen de por medio, en la administración de la Sociedad Nacional de Fábrica de Cigarros. Por esos días lo escuchaba en entretenida conversación a voz baja con el resto de la familia, yo excluido.
Suavemente, mi abuela me dijo: “Tu papá se va a trabajar a París”. Después, poco a poco, unas pequeñas particularidades: “No regresará a almorzar”. Y después: “No volverá a casa por la tarde para dormir”. Me embargaba la pena por su ausencia, pero no en gran medida.
Unos quince días más tarde mi madre se fue con él un domingo por la tarde.
—Te vas a quedar con tus abuelitos, sé bueno. No los hagas enojar. Vendremos a verte.
Esta vez el golpe es más duro. Hubo llanto.

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