Free Jazz

 Leí, en la primera página de un folletito difundido en el mundo entero, que el free jazz provenía del hard bop y del blues.

Al oírlo a mí me parece más bien que proviene de la ventana abierta de una planta metalúrgica.
De mis charlas con gente a quien le gusta el jazz, sean músicos o simplemente aficionados, deduzco que de cada 20, 17 dicen que no lo escuchan con placer.

Un bar... ¿Me siguen? Un bar, la sala bastante espaciosa; unas veinte mesitas con treinta clientes sentados con la copita al alcance de la mano; al fondo el estrado.

Cuatro músicos. Al guitarrista le gusta poner un poco de melodía en sus improvisaciones. El contrabajista sostiene un ritmo más o menos “funky”, tocando con una sonrisa alegre pero que cuando no toca se transforma en cara de calavera. El baterista parece que por momentos está rodeado por una nube de avispas. En cuanto al saxofonista —el líder del cuarteto— sopla frenéticamente en su tenor un free atronador. Tocan sucesivamente coros en solista y coros en conjunto.

El público nunca aplaude, ni al final de cada coro, ni al final de la pieza. Sólo lo hace un sujeto al fondo de la sala, cerca de la puerta. Seguro alguien le había obsequiado con una Coca Cola y un puño de moneditas…
En su libro, el clásico Joachim Berendt es más prolífico cuando dice:
 “…a muchos músicos del jazz les ha ‘estallado’ literalmente el área sonora convencional de su instrumento. Los saxofones suenan como zumbido ‘blanco’ electrónicamente intensificado, los trombones como los ruidos en las bandas de transporte de las minas, las trompetas como recipientes de acero que estallan bajo sobrepresión de gases, los pianos como alambres que revientan por tensión, los vibráfonos suenan como el viento que juega juegos de espanto en ramas metálicas, y los conjuntos que improvisan resuenan como seres de un mundo primitivo que emiten gritos míticos”.
 Suaviza:

“Un instrumento se construye para producir sonidos. En ninguna parte está escrito cómo deberán producirse los sonidos. Al contrario, es tarea del músico encontrar siempre nuevos osnidos en su instrumento y emplear en ello tanto los instrumentos tradicionales de un modo novedoso, inventar nuevos instrumentos o evolucionar los instrumentos tradicionales”.
El free jazz resulta de algo similar al funky. Una reacción pero en vía contraria. El funky tendía hacia lo apacible, el free se quiso chocante para ser revolucionario. Si es a finales de los años 60 que en Nueva York los primeros signos de este estilo se hicieron sentir, es en una buena parte de los 70 que tuvo su máxima intensidad entre los músicos.

Por otra parte, el free jazz es una concepción rítmica, busca tendencias antiarmónicas, una libre armonía; es una búsqueda de libertad. Se puede decir que se saltaron las barras de los compases… Como bien lo anotan los redactores de la Wikipedia:
  • “El ritmo no se localiza en ningún grupo de instrumentos, sino que se extiende a la globalidad en forma de impulsos, de energía. Es decir, se trata de una visión moderna de la polirritmia del hot.
  • “Los tempos se conciben de manera herética respecto de la ortodoxia occidental, variando de manera perceptible.
  • “La melodía y el ritmo no se tratan como sectores indpendientes, sino interrelacionados.
  • “A los acordes y la estructura melódico-armónica se entrenta la invención espontánea, la acción y la atonalidad.
  • “Se pierde totalmente el concepto de fraseo, llegándose a una autonomía de los distintos sonidos, ampliándose la entonación y el timbre específico de los instrumentos al campo de los ruidos.
  • “Se incorporan experiencias sonoras y filosóficas de otras músicas del mundo, especialmente África.”.
Un día, a un joven que tocaba esa música le di a conocer mi opinión diciéndole que lo que salía de su instrumento y de los de sus amigos rasguñaba al oído humano y hacía ladrar a todos los perros del barrio… Me contestó: “Pues… quizá, ¡pero nosotros nos divertimos mucho!”.

Es impensable que el free dejara algo de su frenesí y pudiera renovar otra vez los sonidos del jazz. Alguien dijo: “Lo que no evoluciona muere”.

Mientras escribo este post escucho esa música, ¿y saben qué? Cuando son buenos músicos los que tocan no me es nada desagradable… Y es que han pasado 40 años desde la primera vez.

 


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